Despertares Libro 5 Fragmento
Undelion tenía ese jodido sentir en su corazón… estaba con el pecho hendido, oprimido por este sentimiento. No podía hacer más que confiar en ella… ella podría salir adelante… él se encontraba en el castillo de Tiaght. Nunca nadie había salido de ahí.
—No puedo hacer nada —se repetía a sí misma Siarh, luchando contra los demonios en su cabeza. Tenía que hacer algo por él… él había sido diferente a todo, solo que en realidad estaba muy lejos de su alcance. Tiaght era una fortaleza impenetrable. Seguramente nunca lo conseguiría. “Ahuyenta tus temores, Sia, la verdadera fuerza radica en el amor, no en la razón”, recordaba una y otra vez las palabras de Sindaiel, su abuelo. Las repitió una última vez y salió cogiendo sus espadas dobles.
La puerta se abría con un sonido horrible, parecían nunca haber sido engrasadas. Undelion sabía que eso significaba malas noticias. El guardia le lanzó una cota de malla, sucia y llena de sangre seca con un olor horrible. Tenía agujeros que seguramente eran recuerdos de las razones por las que murieron sus anteriores portadores. Un yelmo abollado y con la visera desvencijada cayó a sus pies.
—Póntelos, vas a luchar —el guerrero sabía lo que eso significaba. Todas las noches realizaban torneos para divertir a los líderes de Tiaght. Era una forma muy retorcida de convertir a los prisioneros en miembros de su ejercito.
El bosque que rodeaba Tiaght era casi tan tenebroso como el risco donde se erigía la fortaleza. Sía se movía con sigilo, las hojas de los arbustos ni siquiera se inclinaban un poco en su andar. Grácil, con su cuerpo esbelto y figura perfecta, parecía un depredador rondando los bosques.
—Tú puedes, vamos… solo son unos miles de no muertos, algunos demonios y un puñado de magos… —se repetía irónicamente mientras intentaba minimizar el temor que la tenía sumida en pensamientos de fracaso. Tan sumida se encontraba en ellos que no se dio cuenta de cómo las sombras se arremolinaban en torno a ella…
Entrar en el círculo de la muerte era mucho más apabullador de lo que sonaba. El piso olía a sangre seca, sudor y una putrefacción profunda. El joven miró hacia arriba, cientos de rostros, deformados para enaltecer a una deidad arcana, en su mayoría hombres viejos, pero increíblemente poderosos, lo miraban morbosos, extasiados, esperando que diera comienzo el festival de sangre, gritos y agonía.
—¡Esta noche! —se alzó una voz poderosa y gutural, sin embargo con una asombrosa dicción—. ¡Les tengo el mejor espectáculo jamás visto! —continuó alzando las manos esperando ser aclamado. Los presentes sabían el protocolo y lo vitorearon con frenesí—. Les traigo algo más que simples esclavos. Les traigo a Undelion de la casa de Viher —dijo y todos gritaron con energía al escuchar el apellido. Continuó, bajando las manos apaciguando al público y dijo en voz baja consiguiendo un total silencio—: Esta noche morirá, pero no lo hará sin pelear… —el público enardeció en gritos y aullidos. Matrund, el mago más horrendo y raquítico, sentado al lado del rey, alzó su mano y unas rejas se abrieron frente al guerrero. Gotas de sudor resbalaban por su frente.
—Dios… ayúdame… No tengo poder suficiente para vencer, encomiendo mi alma a tu desti… —antes de terminar la frase salieron una docena de no muertos corriendo hacia él…
—¡Daelliun cast! —dijo la bella joven, mientras ondeaba su cabello agitando sus espadas en diagonal cortando las sombras. Sus hermosas espadas de cristal se encendían con un fuego azulado que era expelido al instante contra las sombras. Una tras otra caían a los pies de la chica que comenzaba a tirar perlas de sudor al movimiento de su cabeza en cada corte.
—¡Mueran malditas sombras! —La furia de la chica parecía irradiarse y parecía cada vez más desenfrenada. Las sombras bajo sus pies eran cada vez más, las que flotaban a su alrededor tratando de alcanzarla, caían una tras otra. Al fin la última fue derribada… Exhausta se quedó quieta, respirando agitada. El latir de su corazón parecía palpitar en su cabeza. De repente se dio cuenta de que las sombras que estaban bajo sus pies se habían agrupado y la habían rodeado, la cubrían lentamente. En un instante no supo de sí.
La segunda oleada de no muertos eran 20 en total, la mayoría robustos, la clase de no muertos que usan contra la caballería. Undelion sabía que no debía eliminarlos con ataques o consumiría su magia muy prematuramente.
—Ethis Swoerd —dijo mientras una espada de llamas verdes se colocaba en su mano derecha. La sujetó con fuerza y esperó la llegada de los enemigos. Movimientos calculados lo hicieron reaccionar a la embestida esquivando los cuerpos gigantescos. En cada giro del cuerpo realizaba tajos y estocadas en las moles que se le abalanzaban. No parecían dañar demasiado a los enemigos que solo en algunas ocasiones parecían quejarse, no por el dolor sino por no tener algo que masticar. Cada movimiento era calculado, la espada cortaba y cortaba. Algunas veces llegaba a quitar extremidades a los enemigos, pero el guerrero parecía cada vez más cansado. El último enemigo cayó, y Undelion desapareció su espada. Miró hacia arriba y retó a Matrud:
—¡Baja! Haz el trabajo tú mismo, escoria —dijo con voz firme. El mago solo sonrió y levantó la mano una vez más. Una enorme bestia salió vistiendo una armadura negra, era un demonio. Undelion dijo unas palabras por lo bajo y comenzó a levitar. Llamó de nuevo a su espada y se preparó.
—No puedo… —no puedes—. Soy tonta y débil —Eres tonta, “tonta y débil”. Todo parecía un remolino, solo había oscuridad. Sia se repetía estas palabras… hecha un ovillo, tambaleándose, había soltado sus espadas y se sentía tan desprotegida. Undelion… No podría salvarla… estaba sola… iba a quedarse así, sin él…
—No puedo salvarme, no puedo salvarlo —Risas demoníacas No lo salvarás. Su mente se envilecía con esos pensamientos, no había nada que hacer. Las sombras habían llevado su cuerpo y alma a través de los planos, solo necesitaban quebrar su confianza y todo habría terminado; su alma sería suya.
Los embates del demonio eran rápidos y poderosos, el brazo de Undelion se tambaleaba en cada defensa. Las alas del demonio batían con fuerza desbalanceando al joven guerrero.
—Drogh uk’di —dijo el demonio mientras una bola de oscuridad contorneada por un halo rojizo se abalanzaba hacia el pecho de Undelion. Este esquivó por poco. La magia de levitación consumía mucha magia, pero su mentor le había hecho hincapié en que era imposible vencer a un demonio en el suelo. Así mismo sugirió no usar fuego común. Cada ir y venir del demonio parecía aproximarlo cada vez más a su objetivo, quitarle el corazón.
—Ven… —dijo el guerrero preparando un hechizo con su mano izquierda. El demonio se abalanzó directo con las garras imbuidas con fuego prestas a destriparlo.
—Lind’dahea —una bola negra con un halo verdoso se creó en su mano. La espada lanzó una estocada que distrajo al demonio.
—Magia negra… —susurró el rey mirando a Matrud. Este, aún más sorprendido, se encogió de hombros y continuó mirando. La bola de energía salió de la palma de la mano de Undelion directo al corazón del demonio. Este en el último instante giró y la bola de energía negativa perforó su ala. El demonio cayó girando y aterrizó con una rodilla en tierra y el brazo opuesto evitando su caída. Undelion bajó lanzando una estocada, pero en el último instante el demonio le dio un manotazo lanzándolo al suelo.
No hay nada que puedas hacer, chiquilla, eres solo una nenita asustada, no puedes hacer nada por sí misma —Tengo… tengo que salvarlo— No podrías aunque salieras de aquí, se está enfrentando a nuestro señor Tielma. Una imagen como proyectada se extendió frente a ella. Miraba a su amado peleando fieramente contra un demonio. Undelion era sin duda un gran guerrero, pero jamás podría derrotar a un demonio.
—Tengo que ayudarlo —sollozaba—. Lo amo —el amor no existe, es una ilusión creada por los humanos para no sentirse solos.
—No, tiene que existir… —repetía murmurando, muy poco segura de lo que decía. Las sombras reían emocionadas con el espectáculo. La chica, con la mirada en el suelo, se repetía: —Tiene que existir —recordando la sonrisa de Undelion mientras la llevaba del brazo por el castillo de su padre. Él solo era un soldado a ojos de sus padres, no sabían que en realidad era alguien en otro lado del mundo. Aun así, se ganó el respeto de su padre y la aprobación de su madre. Él era especial…
—¡Tengo que hacer algo! —se repetía en su mente Undelion, mientras seguía esquivando los tajos de la enorme hacha del demonio, un arma corrupta creada con el fuego de los infiernos y los cadáveres de cientos de magos. La magia del joven se agotaba. Un hachazo más descendente hizo al guerrero rodar y quedar con la mano en el suelo. Lanzó un hechizo, al levantarse llamó de nuevo a su espada, lanzó un tajo en diagonal tomando con la guardia baja al demonio. La espada acertó, pero la armadura negra protegió al demonio rebotando la espada con un relampaguear verde/rojizo. El demonio hizo un barrido con su hacha. Undelion apenas logró tirarse atrás en un resorte. Al caer quedaría desprotegido. El demonio abandonó la postura defensiva y se lanzó directo al corazón. La espada de Undelion intentó detener el hacha maldita, pero la espada se rompería pronto. Al estar casi sobre Undelion, el demonio notó algo escalofriante: ¡el joven sonreía!
—¿Has perdido la cordura al saber que morirás? —preguntó con una voz horrenda. El chico levantó su mano izquierda con dos dedos levantados y una bola de oscuridad negra salió debajo del demonio. La bola atravesó la parte baja del yelmo del demonio y se adentró en el cráneo del demonio, haciéndolo caer sin vida.
Las sombras se estremecieron al ver caer a su señor. Sia seguía con los ojos cerrados, pero los abrió al no percibir nada más que el silencio, y así lo vio, de pie, frente al demonio derribado. ¡Carajo! Era… impresionante, aunque lucía muy mal herido. Las sombras se percataron del incremento en la confianza de la muchacha.
Eso no significa nada. Nuestro señor renacerá en los planos inferiores, pero tu chico, míralo, tiene cortes hechos por un arma demoníaca. Solo es cuestión de unos minutos para que caiga.
—¡No, es mentira! —dijo esta vez un poco más firme la joven con su hermoso rostro cubierto de lágrimas, enjugándolas al tiempo que decía—: ¡Él no morirá, me prometió que nos veríamos de nuevo! —Las sombras rieron. En ese instante, del palco bajó el mago raquítico.
Van a matarlo justo ahora —dijeron las sombras riendo de nuevo.
—Vaya que eres fuerte —dijo Matrud, con ese aire engreído con el que buscaba amedrentar a Undelion. Este llamó a su espada, pero las llamas ya no aparecieron en ella. El mago sacó su daga mágica y dijo—: Sería un placer eliminarte con mi magia, pero entonces tu cuerpo no podría convertirse en mi esclavo —dijo mientras lo analizaba. Undelion sentía frío paralizante desde cada corte del demonio. Quería atacar al idiota ese, pero no podía. El cobarde lo pateó detrás de las rodillas y lo derribó con suma facilidad.
—Ahí es tu lugar, de rodillas frente a mí —acercó la daga al pecho de Undelion y presionó hasta que un hilo de sangre apareció. Lo volvió a patear y lo lanzó al suelo. La boca del ahora débil guerrero casi cae en un pedazo de carne pútrida. El mago puso la daga en la nuca del joven y se dispuso a enterrarla. Miró a su patriarca en busca de aprobación. El rey bajó la cabeza asintiendo.
—¡No! ¡No! ¡No! —gritó la muchacha, encendiendo su cuerpo con las llamas azuladas. Las sombras retrocedieron, incrédulas de que le quedara tanto poder a pesar de estar en ese plano muerto que absorbía lentamente su poder. Los ojos de la muchacha brillaban en determinación. Se acercó a la imagen donde su amado estaba a punto de ser ejecutado. Las sombras intentaron interponerse, pero con un susurro, la chica las llamó a sus espadas, Donde incluso escurrían fuego, como si de una fuente inagotable se tratase. Lanzó un tajo e incendió a las sombras. Después saltó hacia la imagen.
Matrud salió volando al impacto del hombro de la chica. No se esperaba que nada saliera de repente a golpearlo. Ella lanzó ataques, pero el mago poseía una protección mágica que lo mantuvo a salvo, al menos momentáneamente. Las llamas de las espadas dejaban caer fuego que sí traspasaba las defensas. El mago se sorprendió de ver quién era su atacante y comenzó a reír.
—¡La niñita consentida ha venido a entregarse! —Las carcajadas molestaron aún más a la joven. Undelion veía todo como un sueño. No sabía si ella estaba ahí en realidad.
—Estoy aquí, mi amor —dijo ella. Undelion supo que todo saldría bien si la tenía a ella… seguía sin poderse poner en pie, pero sabía que todo saldría bien mientras tuviese esos ojos consigo.
El rey levantó un brazo y se abrió una puerta de donde salieron más y más no muertos. Sia sabía que tenía que acabar con ellos rápido o llegarían a Undelion. Se lanzó cortando y quemando a su paso. En solo unos instantes los no muertos caían todos ellos, víctimas de las espadas o calcinados por las llamas. Pero el mago no había perdido el tiempo y acababa de terminar un cántico. Sus manos puestas frente a él tenían una serie de rayos negros con rojo destellando alrededor de sus brazos. Una bola gigantesca de energía salió disparada hacia la chica. Ella cruzó sus espadas, deteniendo el ataque. Sabía que terminaría muerta. Undelion y ella nunca volverían a ver un atardecer juntos, ni se despedirían con un beso de nuevo. Hincó una rodilla en la arena pestilente. La fuerza del ataque comenzaba a tirarla hacia atrás… De pronto sintió un roce en su espalda… esa sensación tan familiar, el calor… ese aroma… era su amado que la abrazaba y le susurraba:
—Si estás conmigo, no puedo perder, nada puede fallar. —Le besó la mejilla y estiró sus brazos, teniéndola a ella en medio, abrazada, a salvo. Recitó un cántico—: “En los tiempos de oscuridad, nuestras espadas blandirán con el espíritu de la tierra. No habrá enemigo capaz de vencernos mientras luchemos por lo que amamos”. Así un fuego comenzó a imbuir al joven y sus llamas se fusionaron con las de la chica. Llamas verdes y azules imbuían las espadas y los brazos del joven y de la chica.
El poder de ambos combinados comenzó a hacer recular al mago, quien, cobardemente al saber que perdería, intentó llamar a su rey telepáticamente. El rey y sus súbditos en realidad disfrutaban del espectáculo, así que no pensaba hacer nada. El mago comenzaba a perder fuerza, ya no tenía más que hacer y un grito final dijo algo a la pareja:
—Nunca lograrán salvar al mundo, es demasiado tarde. —Undelion empujó el fuego hacia su enemigo apoyado por su alma gemela y terminó diciendo—: Si la tengo a ella, puedo vencer al mismo destino. —Un destello de luz terminó envolviendo al mago y una luz cegadora cubrió la arena inmunda. Cuando el rey recuperó su vista, solo quedaba el cadáver del mago engreído.
Undelion apenas si podía volar, pero tenía a Siarh entre sus brazos. No necesitaba más… ella lo había salvado, eso hacía que todo fuese posible a partir de ahora. Ella estaba para él y él para ella, nada podría detenerlos.
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